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este mundo extrañará por siempre

A las dos de la mañana seguíamos jugando. Mamá nos había pedido que nos acostáramos temprano, porque a la mañana teníamos que salir a no sé dónde. Estábamos en algún lugar de Colombia, hacía mucho frío y no teníamos sueño. ¿Querían que disfrutáramos las vacaciones, o no? Le veníamos haciendo trampa a mi hermana, como muchas otras veces. Y ella no se daba cuenta. Pero en un momento, cuando le quise robar una carta, me vio. Y fue distinto. No empezó a pegarnos y a gritar y tirar todo por el aire, cosa que hacía siempre que se enojaba. Nos miró a los tres, y una lágrima le rodó por su cachete izquierdo. Se levantó y se fue a su cama. Nos sentíamos muy culpables, y nos acercamos para tratar de animarla. Pero no cedía, y escondía la cara en la almohada. Parecía estar llorando, y ya no sabíamos qué hacer. “Ganaste vos, Valita”, la consintió Ignacio. “Bueno” le respondió, pero seguía igual. Metí mi mano por debajo de la almohada para apretarle la nariz y así hacer que saliera, pero mis dedos se encontraron con otra cosa. Saqué de ahí muchas cartas, y le pregunté sorprendido qué era eso. Ella levantó la cabeza. Lloraba. De risa.


 
"...No ves que el mundo gira al revés, 
mientras miras esos ojos de videotape..."

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blanca soledad

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