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Mostrando las entradas con la etiqueta algo en versos

ardor

Estoy acá, sentado en un sillón, no entendiendo bien qué hago acá sentado en un sillón. Estoy acá y escribo, quizás porque es lo único que me hace sentir. ahora pienso ya no quiero poner más signos de puntuación no me sirven en este momento en el que no siento más que mis dedos escribir lo único que me hace sentir sé que hay frases que van a quedar sin sentido sueltas aisladas y conectadas tal vez con otras que ni imagino escribo porque siento entonces qué siento escribo en el ratito en el que ella se fue a bañar sé que tarda veinte minutos veinte minutos en los que quiero apagar el incendio de mi pecho la mierda de la vida la música que no me llega no me llega no me alcanzan veinte minutos quiero que me llegue quiero que me alcancen no dejo espacio entre una idea y otra todas se funden todas me miran me aprietan la cabeza me dicen que siga me dicen que no siga me deshacen y me hacen el agua sigue cayendo de los ve...

cortocircuito

Mucha información, demasiada información. Necesito aislarme, palpar lo que tengo. ¿Qué es esto?, ¿desde cuándo todo es tan efímero, tan eterno? Esto que ahora toco, que ahora siento, tiene el olor del tiempo, tiene lo antiguo en cada veta de su piel, y, sin embargo, nunca antes estuvo aquí. Son alas de mariposas, que se deshacen con mi fricción; son láminas de polvo. ¿Qué edad tiene el polvo?, ¿hace cuántos siglos que da vueltas por el mundo entero? Y ahora está sobre mis dedos, bañándome de arqueologías desconocidas, contándome las vidas de la gente, como el testigo del universo. Como el testigo del universo, sí. Y yo acá, sin hablar su misma lengua. Y yo acá, mirándome los dedos, repletos de información (demasiada información), repleto de todo, y repleto de nada. Algo o alguien, una vez, me dividió en dos, y ahora soy dos personas, conviviendo en un solo cuerpo, tratando de sobrevivir así, tratando de que una no quiera matar a la otra. Soy dos pe...

cuando no podés cerrar los ojos

Cuando no podés cerrar los ojos, cuando la sangre te prohíbe dormir, tendrías que dejar de preguntarte si ese mensaje algún día va a llegar. Pero, qué podría decir ese mensaje, si ya no hay nada que me puedas decir que me haga desandar la vida vivida, la vida pasada, y tampoco la vida que vendrá. La vida que pasó, esa que cada vez preocupa menos, me desvela solo cuando pienso que vinimos a este mundo para amarnos, para amarnos y después olvidarnos. La vida que pasó es solamente eso, una vida que pasó, que se agotó, pero que vuelve a mí todo el tiempo, como aconsejándome y matándome de vos. Si ese mensaje llegara ahora mismo, creo que preferiría no leerlo, pero, conociéndome, y después de haberlo leído cien veces, te gritaría que mejor no me mandes nada más, nunca más. No sé qué diría ese mensaje, pero me lo sé de memoria. Hacen falta mil vidas más por venir para borrarme el conocerte tanto. ¿Puede, la vida que vendrá, asustarme tanto como me asusta? Oj...

dos mejicanos, un turco y un boludo

Escucho mejicanos con su wey, que gritan como si fuesen ellos solos. Al frente de la terraza, una piedra gigante recorta una ventana. Una ventana que parece de una casa, desde la cual se puede ver un joven escribiendo boludeces, al lado de dos mejicanos enamorados, que ya pidieron su segundo vino. A lo lejos se ven más piedras gigantes, éstas con forma de gnomos de jardín, iluminados ahora por reflectores y faroles e impregnados de un frío silencioso, que recién comienza a saludarme. Y, ahora sí, ya no te veo. La luna es el foquito más brillante, y nos mira a todos desde arriba. Pasan autos allá abajo, cuando un turco me pregunta si quiero algo. No, gracias, le dije atontado, sin importarme que no me comprendiera. Aunque si le respondía la verdad, no me hubiesen entendido ni los mejicanos, que se están riendo a carcajadas, y ya se van para su cuarto. Son muchas las maneras de mirar y, sin embargo, ya no te veo.

de carne y hueso

Idealizar, la moda del día. Contar con los dedos cosas que te cambian la vida. Sentir, la magia de las ilusiones. Morir tranquilo sabiendo que inundarás mis visiones. Confiar, el gran enemigo. Sonreírle al bufón mientras saltás al vacío. Sellar, se unen los huesos. De un lado San Pedro, del otro, sabuesos. Vivir, el enigma eterno. Hacer tu camino en la arena virgen del tiempo. Llorar, un júbilo austero. Las voces te calman, las visiones te llevan al cielo. Caer, el chiste inevitable. No hay final si no te hacés dueño del hambre. Avanzar, la luz mañanera. La cabeza en lo alto, el puño rompiendo la ceguera.

el carrousel

Hoy arranco aquí este día cruel. Todos los vestigios del amanecer se unen para hacer un gran carrrousel, que no da vueltas, solo adelante. Ya no tiene sentido domar mis pies; se quieren soltar y bailar después. Solo puedo verlos desde el jardín, y ahora entiendo lo que me dijo aquél. Que corte mis hilos, que aprenda del cielo, que silbe tranquilo, que abra el sendero, que ame la tierra, que no tenga celos, y así disfrutar de lo que vendrá. Y sigo encendido, me arde la piel. Creo que ya no puedo dejar de ver cómo este puto día se hace atardecer, y yo no quiero irme de este carrousel. Que solo va al frente, que no tiene miedo, que sangra conmigo, que me pide fuego, que banca los golpes, que ve lo que siento, y solo hace lo que yo quiero hacer. Y solo me lleva adonde yo pueda ser.

cimarrón

Está todo raro, como a punto de terminar. Sin embargo, sin cesar, los pájaros tienen hambre, las venas respiran sangre, y no piensan descansar. Cabezas frías allá afuera, y acá se entibian mercaderes. Se abren y cierran pareceres, pero jamás la lluvia es silenciosa. Solo me hacen falta cinco notas para romper estos grilletes. Si veo una hoja, la agarro, y le estampo un color vivo. Aunque en la paz esté lo mío, me imagino el agacharse, y mis órganos piden darse siempre que se escuche lo que miro. Ya no sé qué nos dijeron, si perdimos o ganamos. Los papelitos no conocen el descanso: cuatro veces se murieron, cuatro veces los vivieron. Solo la eternidad los hará pasto,

no te quejes

No te quejes cuando veas, sin honor y sin cabello, cientos de cuerpos bellos destrozados en las veredas. No te alarmes cuando sientas, de bocas sangrando, de ojos amando, canciones de cuna y de guerra. No hagas nada si te encontrás todo tajeado por el sol, ese sol que antes te besó, sin poder volver atrás. No salgas de tu hogar, cuando quieras calor, cuando busques el horror, ni te saques el delantal. No te sientas vencedor de algo que no quisiste; pegáte con trapos grises todo el hambre alrededor. No salpiques con tus lágrimas cuando veas mal olor, cuando huelas perdición, hasta en las pequeñas ventanas. No escribas lo que duele, cuando nunca te dolió; aunque sepas cómo sos, ella siempre te quiere. Y no lo trates de esquivar, porque esto no se esquiva; no tragues tu saliva, escupila, que ya nadie se puede mojar.

capital del quinto mes

Cuatro pizzas y un mantel, techo blanco, puertas vaivén, calesitas de chapa y miel, como las cosas sin saber. Sin las teclas de ejecutar, con los pelos sin despeinar, un papelito por arrugar, y los vestigios de un calamar. Las piedras domesticadas, eslabones de un ciclo fantasma, sentir las manos acaloradas, gritar sin voz todo lo que falta. La esquinita del alfombrado, sobreviviendo igual que un mago; con los botones desabrochados, y el viento de uno a otro lado. Y si a la luna vas, nos vas a ver a todos, a todos como hormigas, a todos apretados, embarrados, pidiendo más. Catedrales sin rosado, alguien se siente mareado, jardines desarmados, portones desalmados. Un cuadrito con espuma, diez pesos de viruta, sin saber qué es una puta, entiendo que ya no hay rutas. Los canales de satén, los quilombos que les den; capital del quinto mes, siempre surge del desdén. De los críos de la boca, solo quedan los que ...

el Don

Se seca las gotas que cosquillas le irritan, ahí nadie necesita tener un enemigo, cualquiera sea la tarea ladrada, el Don le pega sin pegar y lo mata sin matar. Con sus ojazos limpia las paredes, y, mientras los de adentro siguen contra la plebe, se retuerce como cola de chelco aguantando lo que nadie supone cierto. En la calle, en la tienda, en la casa y en su cama, nunca intentó toparse con la hazaña. Sin embargo, los destinos se reparten para pocos, y el Don sospecha que él esconde el monstruo. Y sólo piensa en liberarse, aunque no sepa lo que signifique la palabra libertad. Según el Don, el trabajo va entre paños, pero para él descansa entre comillas; como una espada de oro que te corta los dedos, pero por lo menos tocaste un metal precioso. Sale al encuentro de los más desesperados, y le sorprende lo tanto que se parecen, los labios resquebrajados, los ojos aguados; se vuelve con el espinazo machacado. Si con una mano tapa el sol, con las dos estruj...

al poder

Que nos quieren proteger, sin ser propensos al amor, que va a ser con dolor, cuando nos vengan a golpear. Que piden como quién no, ausentes del azar, que saben que en su milagro está el crédito de dios. Quien quiera ir a ver, que vaya, nomás, que ya lo deben esperar, sentaditos sobre el oro sucio. Si sienten el sabor no será su voluntad; el sabor de la tierra, ristras del mar y del sol. Escúchenlos mentir las crías, véanlos tomar las armas, sáquenles una foto, que no se escape la tristeza. Que desechan las canciones que atraviesan los reveses, que se embeben en las redes de las ganas del honor. Sinceros y humildes, amigos y queridos, saben que las risas bailan en los vestuarios. Que nos quieren proteger, sin ser propensos al amor, que va a ser con dolor, cuando nos vengan a matar.

exdelentes

Como cuando quisiste hacerte la impresionada, y te salió cara de rata; como cuando sentiste que eras la diosa, y el obrero se cosió la boca. Como cuando pudiste creerte limosna, y preferiste vestirte de onza; como cuando la novia te escupió la cara, y te untaste todo con gracia. Ahora te gusta la hamaca, ahora pisas sólo césped, ya no evitás la superstición, ya no mentís, ya no morís. Como cuando miraste un antro de arriba, y te reíste de gente suicida; como cuando lloraste para abajo, pero tus mocos iban para arriba. Como cuando llamaste a las viejas por feas, y te jactabas de ser la primera; como cuando incendiaste el auto del de al lado, por ser como vos, pero más plantado. Ahora te excita el viento, ahora tus sillas son de pasto, ya no atacás al por mayor, ya no mentís, ya no vivis.

libertad sobre cuello

Otra vez la vida se hace indecente, otra vez las cajas me piden rescate; otra vez la frente me suda de frío, y las cabezas que sueñan ser libres. Otra vez se escuchan las viejas comiendo, otra vez, con sus anillos birlados; otra vez el calor que baila un malambo, y las cabezas murmuran ser libres. Esta vez, las cosas ya son así, y, esta vez, las podremos mirar, sin mentir. Otra vez los yuyos se acuestan de espalda, otra vez las mesas se llenan de nada; otra vez mis dedos se mueven ellos solos, y las cabezas que piden ser libres. Otra vez las miradas se encuentran sin verse, otra vez, se sienten arderse; otra vez me niego a perderte, y las cabezas que luchan ser libres. Esta vez, las veredas son de gris, y, esta vez, se querrán teñir, sin sentir. Otra vez camino sobre un mundo al revés; otra vez el agua abraza al hielo, otra vez, el hielo se deja abrazar, y las cabezas que mueren de libres.

los altaneros

Allá, en las hondas tinieblas, donde todo es duro, donde todo es sal. Allá, en las antiguas praderas, donde corrían niños con pedal. Allá, en ese musgo, allá, en ese susto, en ese matorral. Las banderas volverán, y canciones flamearán, para que, sin perder la esperanza, la idiosincrasia, sepamos bien alto volar. Allá, a la orilla del río, donde hay solo polvo, y el agua no está. Allá, bien lejos del camino, donde crecen despojos, donde alguien no está. Las banderas no sabrán, si hacer el bien o el mal. Y lenta, muy lentamente, se irán vitoreando: "¡Esta tierra es de paz!"

melena y tacón

Entrando al adiós, la hice orientar, a esa choza no voy a bailar. Latiendo mis pies, sin nada que creer, entiendo poco, pero algo sé. Silbando hacia atrás, quería decir, qué lindo es el aire para destruir. Manchando el sofá, la vi repetir, ahora sigue y ya no la veo más. Sa sa sabemos bien, hacer la mejor; mirar de costado y sentirnos león. Pero la verdad es siempre peor, y nos apabulla el hecho de sangrar. Hablando irlandés, camiones zampé. en el dolor la bici ensamblé. Pagando marrón, al verla grité aunque ahí nomás la jeta cerré. Pintando a Rembrandt, azules perdí, se levantó y un zapato me tiró. Abriendo el reloj, la vida encontré; le dije que sí, que ya no la amo más. Sa sa sabemos bien, mojar el jabón, quebrar el pincel, y pensarnos de a dos. Pero la verdad, es siempre peor, y nos apabulla el hecho de sangrar. Sa sa sabemos bien, hacer la mejor, mirar de costado y sentirnos león. Pero su canal es el superior, y nos lastima en la mediocridad.

pensar en nada

Estábamos todos en esa falsa y temporal microsociedad, como suele ocurrir siempre que subís a un colectivo. Me gustaban esos viajes en los que podía ver las calles, las fachadas antiguas de los edificios, la gente en la vereda, los autos y las personas dentro de ellos, los finitos que les hacía el chofer, siempre esperando que los toque, pero nunca sucedía. También tenía mucho tiempo para pensar en mi vida, y esa era la parte desagradable del viaje. Últimamente sentía que nada era de mi completo agrado, que siempre había algo de las cosas que no me gustaba. Y sumado a eso, mis ganas no hacer nada hacía que sea muy monótona en su cotidianidad. De vez en cuando tenía alguna que otra motivación, que se diluía con el tictac del reloj. Le cedí el lugar a una señora, y me agradeció con una sonrisa. Me bajé mucho antes de donde tenía que hacerlo. Prefería caminar. Despejar mi cabeza un poco, y hacer un mínimo cambio en mi rutina. El sol ya no brillaba arriba como hace un rato, pero su luz re...

hacer salir al sol

Seguir aunque la respuesta sea siempre "no". Se dice que la esperanza persiste aún cuando la oportunidad es mínima. Si existe, se lucha. Y así, quizás, ese "no" puede arrepentirse y, avergonzado, susurrando, vestirse de "no sé". Hay ganas de circo, ganas de noche. Hay ganas de canciones cortas que se vuelvan a comenzar solas. No todos los días son celestes. Y siempre es el que querés. Vamos a hacer las paces, vamos a quebrar el cero. En el cetro verás el fin, verás el ya. Salar el fuego, comer el humo, armar el sol. Estirá tu mano; por más gris que sea la niebla, la mía siempre va a estar,

blanca soledad

Quisiera saber qué tan difícil es. Y también, cómo se hace, y si yo lo puedo hacer. O si cada vez que intento abrir los ojos, los cierro más; me cierro más. ¿Quién determina lo bueno y lo malo?, ¿lo poco saludable y lo sano?, ¿lo correcto y lo incorrecto?, ¿lo salvaje y lo civilizado?, ¿lo verde y lo rojo?, ¿la luz y la oscuridad?, ¿lo blanco y lo negro? Y un día te fuiste, o me fui yo, con vos pero sin vos, y estoy acá, queriendo estar allá, y estoy sin vos, queriendo estar con vos. El sillón al atardecer ya es distinto, abajo sólo hay dos zapatos, y yo estoy acalambrado de nostalgias, viviendo de vivir queriendo estar con vos. Alto techo, ese salto a recordar, aquel ayer con mañana sin igual, y estoy acá, queriendo estar allá, y estoy así, hasta que me puedan sacar ese perfume color suavidad. Un rumor quiere que aparezcas, desfilando los escalones de esa montaña maldita, y que en su hervor grites, ¡Libertad, oh, libertad!