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divagando, primera

Estás pensando qué buena está esa parte de Colabore, en la que el Enano derrapa por "atrapar" o "disparar", hasta llegar al estribillo, casi como si se lo dejara servido para que empiece, y se te cruza un olor por el frente. Es un olor a pizza, o a salsa de tomates. Pero también es un olor a dentífrico, o a chicle de menta. Se te antoja una milanesa con papas fritas, con puré y con ensalada. Pero parece mucho. Siempre te retaban por pedir comida de más y no terminarla nunca. Era lo que más odiabas que te recriminen. Eso y que hayas dejado morir a tu hermano. Vos pensás entonces en la vez que fuiste a la psicóloga y te convenció de que eso no era así, y con eso te tranqiulizás. Pero después te preguntás por qué te disgusta tanto. ¿Será porque no fue así? Porque para vos no fue así. Y para los demás también. Son ellos los que nunca pudieron superarlo, y vos el cargás el peso de una mierda que no te correspondería cargar. Pero ahora es un olor a ladrillos, a tierra. Y ese olor a tierra te hace acordar del calor que te hace. Te sacás la campera, y la profesora hace un gesto de cinco minutos restantes. Solamente pudiste completar la mitad, pero sentís que es una buena mitad. Siempre hay una buena mitad y una mala mitad. Y en esa evaluación la mala mitad no era ni la mitad de abajo ni la mitad de arriba; era un poco de las dos. Una paloma pasa volando y vos la mirás, y sentís mucha envidia, pero es ficticia, porque en realidad no te gustaría vivir cagando mientras volás. Aunque ahora se te ocurre que en los aviones también se caga mientras volás, y creés que podrías hacer un libro hablando sobre el tema y comparar la vida del hombre con la de la paloma, pero después te das cuenta que todavía no terminaste el parcial. Y pensás que no vas a poder terminar nunca nada en tu vida. Y que todas las cosas que hagas van a terminar un poquito incompletas, como el plato que pedías y no terminabas. Entonces te prometés a vos mismo, usando una voz interna que sólo aparece cuando querés hacerte pensar que la cosa va en serio, que desde ahora hasta el día que te mueras, vas a terminar todas las cosas que hagas. Por más que no te guste a mitad de camino. Por más que ya no le haga bien a nadie. Pero ahí ya empezás a dudar, y sentís que ya no tiene mucho sentido. Creés que lo mejor sería preguntarle a alguien cómo se hacen estas decisiones. O preguntarle al Enano si a él, también, lo ayudaron.

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