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¿qué pasa?

¿Qué pasaría si todo fuese una farsa, como esas en las que todo es de cartón y fantasía, con gente que camina a tu lado, te choca, te mira disimuladamente, quizás te sonríe, toda gente actuando ser gente, ser nadie, y el único que no está enterado de esto soy yo, solitario idiota que avanza baldosa a baldosa, pisando las grietas del asfalto viejo y también falso, esquivando autos de cotillón en una bicicleta desinflada, con frenos que apenas frenan, como si quisieran recordarme lo inútil que son mis manos cuando de chocar se trata, aunque jamás choque porque no está escrito en el guion de la comedia, y lo único escrito sea una sola palabra, la farsa, levantando bambalinas con forma de edificios importantes y sinceros, salpicando de realidad todo a mi alrededor con gotas de alquitrán, empujando personas para cruzarlas en mi camino, haciéndome responsable de eludirlas o llevármelas puestas cuando yo no tengo ninguna decisión, y lo único real, lo único escrito cuando se rasca con f...

como monos por la selva

Hoy, un mate me salvó la vida. A pesar de ser un profundo y potente defensor y promotor de esta infusión, jamás hubiera pensado que iba a evitar que muriese. Morir, así, de un instante al otro; nada de morir de cansancio, o de sed.  Morir. Estaba yo sentado sobre una piedra, en medio de casi treinta bestias humanas y salvajes. Todos estábamos en piedras distintas pero iguales, piedras que parecían yemas de pulgares salidas de la misma tierra húmeda, pulgares de casi treinta gigantes que levantaban sus manos para permitirnos sentarnos en sus dedos, como monos que acicalaban su dura piel. Estábamos en la selva. Mil especies distintas de plantas y flores se movían apenas acariciadas por una brisa imperceptible, una brisa que, ahora, no sabría decir si era el viento o nuestra propia respiración. Cada tanto, todos nos mirábamos; cuando nuestros ojos se cruzaban, los movíamos hacia otro lado, asustadizos, inseguros. Sentados en las piedras escuchábamos atento...

no se desenchufa

Las ruedas muerden el asfalto, suenan como una pequeña sierra eléctrica cortando una madera blanda. Mi cara golpea el aire quieto de la noche fría. Pedaleo cada vez más rápido, tratando de calentar mis piernas. O tratando de no pensar, de alejarme. La velocidad me libera, no me doy cuenta que llueve hasta que unas gotas rebotan contra mis anteojos. Pedaleo más fuerte, aprovecho la pendiente. Los autos estacionados hacen intermitente el sonido de las ruedas. Hay algo que hace que quiera pedalear, aun cuando mis piernas no dan más. Hace diez minutos que mi bicicleta acelera sin detenerse. Sigo pedaleando. ¿Qué es? Más fuerte. Los auriculares reposan en mi cuello, la música llega a escucharse. Poco me importa que se mojen, que se rompan. Están hechos mierda, pienso. Pero los quiero, como a toda cosa vieja y hecha mierda que tengo. Hay una sensación que va subiendo por mi cuerpo, algo extraño. No sabría decir qué es, pero se parece a cuando algo te sale bien y lo s...

ardor

Estoy acá, sentado en un sillón, no entendiendo bien qué hago acá sentado en un sillón. Estoy acá y escribo, quizás porque es lo único que me hace sentir. ahora pienso ya no quiero poner más signos de puntuación no me sirven en este momento en el que no siento más que mis dedos escribir lo único que me hace sentir sé que hay frases que van a quedar sin sentido sueltas aisladas y conectadas tal vez con otras que ni imagino escribo porque siento entonces qué siento escribo en el ratito en el que ella se fue a bañar sé que tarda veinte minutos veinte minutos en los que quiero apagar el incendio de mi pecho la mierda de la vida la música que no me llega no me llega no me alcanzan veinte minutos quiero que me llegue quiero que me alcancen no dejo espacio entre una idea y otra todas se funden todas me miran me aprietan la cabeza me dicen que siga me dicen que no siga me deshacen y me hacen el agua sigue cayendo de los ve...