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cascabel

Hay veces que uno quiere escribir, pero no sabe qué. No sabe, en realidad, que lo que necesita es gritar, gritar con toda su fuerza. Hasta que la garganta arda como si comiera lija. También hay veces que uno quiere gritar, pero no sabe qué. No sabe, en realidad, que lo que necesita es salir, mojarse, respirar, andar; no sabe, en realidad, que las angustias no vienen de un solo lado.  Las angustias, los gritos y la escritura. Tres cosas que, a veces, no se pueden ni diferenciar. La angustia quizás venga por un trabajo que salió mal, pero también por esa que te dejó. El trabajo que te dejó, la mina que salió mal. La angustia es, entonces, la que te agarra después de lo malo, después de la mierda. La que se te caga de risa con mil amigos y felicidades mientras te retorcés como un boludo en tu cama, deseando que sea tu amiga y estar cagándote de risa con ella de vos mismo. Pero hay una angustia que es todavía peor. Y es una angustia que no viene después de la mierda. Es...

los que suben por el medio

Me gusta pensar que hay pequeñas cosas que pasan de tal forma y en determinado momento para que solo nosotros podamos verlas. Cosas como una hoja haciendo equilibrio en una moldura de un edificio, un nene saludando a toda la gente de un tren, o un perro tratando de alcanzar una paloma en el Congreso. Cosas que nos hacen pensar en otras cosas más, o nos sacan una sonrisa, por más que quedemos como unos pelotudos sonriéndole a la nada. Viajar en colectivo durante más de cuarenta minutos significa que podés leer unas cuantas páginas del libro que venís leyendo, o escuchar de diez a quince canciones. Cuando tenés el libro, no te queda más para hacer que concentrarte en eso. Pero si solo te acompañan tus auriculares, hay más caminos: vas cantando sin que te importen las miradas de los demás, vas escuchando la música colgado en cualquier delirio que se te cruce, o vas boludeando con el celular. Yo estaba pensando en todo esto, lamentándome por no haber traído mi libro, cuando sien...

cortocircuito

Mucha información, demasiada información. Necesito aislarme, palpar lo que tengo. ¿Qué es esto?, ¿desde cuándo todo es tan efímero, tan eterno? Esto que ahora toco, que ahora siento, tiene el olor del tiempo, tiene lo antiguo en cada veta de su piel, y, sin embargo, nunca antes estuvo aquí. Son alas de mariposas, que se deshacen con mi fricción; son láminas de polvo. ¿Qué edad tiene el polvo?, ¿hace cuántos siglos que da vueltas por el mundo entero? Y ahora está sobre mis dedos, bañándome de arqueologías desconocidas, contándome las vidas de la gente, como el testigo del universo. Como el testigo del universo, sí. Y yo acá, sin hablar su misma lengua. Y yo acá, mirándome los dedos, repletos de información (demasiada información), repleto de todo, y repleto de nada. Algo o alguien, una vez, me dividió en dos, y ahora soy dos personas, conviviendo en un solo cuerpo, tratando de sobrevivir así, tratando de que una no quiera matar a la otra. Soy dos pe...

el día que fui invisible

Me levanté temprano, a las seis de la mañana, como siempre, porque entro a las ocho a laburar. El despertador del celular gritaba ese sonido horrible pero necesario. Apreté la pantalla, en el botón que decía "detener", pero no reaccionó. Se trabó otra vez, pensé, mientras me imaginaba a los vecinos despertándose también por el quilombo que estaba haciendo ese aparato. Esperé un ratito, y nada. Volví a apretarlo, pero no me daba bola. Ya me estaba cansando, así que le saqué la batería y se la puse de nuevo, para que dejara de joder. El agua para el mate llegó a hervir un poco, y como yo no tenía tanto tiempo, preferí tomarla así como estaba. Pero, cuando la probé, aspirando a través de la bombilla, no la noté caliente. Es más, estaba totalmente helada. Abrí el termo, pero de adentro salía vapor. La volví a probar, y nada. Fría. Fue rarísimo, porque yo soy medio maricón para esas cosas, y me vivo quemando la lengua. Fue tan raro que me tuve que comprar un jugo natural en el...

una pared en la nada

Caminamos los dos juntos durante un tiempo muy largo, ahora no me acuerdo cuánto fue exactamente. Lo que sí me acuerdo es que era un lugar tan simple y tan inmenso, que no podías dejar de sentirte especial y único. Era como, por fin, estar consciente de que ese momento estaba sucediendo, estar totalmente abierto y despierto. Como percibir todas las cosas que siempre pensaste que tenías que percibir. Como saber que lo que estabas sintiendo era la felicidad, como toda tu vida creíste que debería ser esa felicidad, pero viviéndola. No es lo mismo estudiar las teorías y las concepciones del color que sentir un color. Esto era algo similar. Ella, me parece, estaba sintiendo algo parecido, porque no hablamos en todo el camino. Lo bueno de estar con ella era que podíamos quedarnos en silencio mucho tiempo, sin decirnos nada, y nos sentíamos casi mejor que hablando cosas por hablar; nos quedábamos mirando al frente los dos, o moviendo los labios, la lengua, la nariz, mirándonos, riéndonos ...